Mi sobrino de 10 años me preguntó hace algunos días: ¿Y tú por qué eres vegetariana? ¿No te gusta el sabor de la carne? No sólo es generalmente curioso, pero también está interesado en probarlo por sí mismo. Aunque creo que es mayormente porque las opciones vegetarianas -casi siempre- saben tan bien, ya que su excusa para comer carne es: bueno, pues si ya está muerto... sería un desperdicio.
Para serte sincera, no he manufacturado una respuesta directa y concreta para haber cortado la carne de mi menú. Normalmente mis respuestas varían dependiendo de quién pregunta. Esta es la tercera vez en mi vida que intento el camino del vegetarianismo. La primera vez no tuve opción, ya que fue impuesto por mi padre. La segunda fue puramente por mi amor a los animales, y la crueldad que acompaña a la industria cárnica. Hoy por hoy, tengo muchas razones que se complementan.
He estado siguiendo -sin continuidad, lamentablemente- un camino más consciente de auto-descubrimiento, física- y espiritualmente. Este camino me ha llevado a entender las funciones de mi cuerpo como un todo, y mi sistema digestivo como parte de éste, no solo como una entidad automatizada separada. También me ha abierto la puerta al magnífico mundo de la nutrición, el conocimiento de las propiedades de todo lo que llamamos comida. Simplemente tiene más sentido ahora trabajar junto con mi maquinaria interna abasteciéndola apropiada- y rutinariamente, en vez de permitirle que vaya en piloto automático, chequeado solo cuando algo parece ir mal. Ahora, ¿qué es apropiado? ¿cómo saber qué necesita el cuerpo? Pues, en mi caso ha sido 1) investigar: mis opciones 2) experimentar: mi cuerpo es mi propio laboratorio y 3) concluir: creando un hábito de aquello que se siente correcto. Entonces, mi investigación y mis experimentos -a fin de cuentas, un simple colador pro et contra- me dejan con una clara opción.
Soy vegetariana hoy porque MI realidad es: no NECESITO carne -o productos animales, ya que estamos- para sobrevivir. Soy tan afortunada que tengo una elección, y no tengo que luchar por mi supervivencia. Esa es una ventaja increíble. Las plantas son impresionantes, ¿sabes? hacen su propio alimento de la luz del sol, agua y dióxido de carbono. Yo elijo nutrirme de estos poderosos seres vivos y vivir de lado de los otros animales en paz, pese a su rico sabor. Estoy en la cima de la cadena alimenticia por defecto, pero es justamente eso lo que me da la posibilidad de decidir de dónde saco mi alimento. En mi mente y entendimiento, mientras más cercano a la fuente de riquezas, mejor y comer plantas y sus derivados es lo más cercano que puedo llegar a comerme un rayo de sol.